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Francisco llamó a la unidad y a una renovada acción misionera

En el Parque Bicentenario de Quito, el papa Francisco presidió su segunda misa multitudinaria en el marco de su viaje apostólico al Ecuador. Haciendo referencia al primer grito de independencia ecuatoriana, el Santo Padre lo relacionó con la oración de Jesús por sus discípulos y definió cómo debe ser el testimonio cristiano.

El Santo Padre llegó al escenario montado en este parque de la zona norte de la urbe en el papamóvil, en el que aprovechó para bendecir y saludar a los fieles. Luego se revisitó con una casulla -o bien, un poncho- elaborada en un telar, confeccionada con lana y detalles indígenas. También fue un indígena quien proclamó la segunda lectura de la misa en su lengua originaria.

“La Palabra de Dios nos invita a vivir la unidad para que el mundo crea. Imagino ese susurro de Jesús en la Última Cena como un grito, y lo asocio con ese primer grito de Independencia”, dijo el obispo de Roma. Aseguró que esos patriotas querían dejar de ser “exprimidos y saqueados a conveniencia de los poderosos de turno”.

“Quisiera que hoy esos dos gritos concuerden bajo el hermoso desafío de la evangelización. No desde palabras altisonantes ni con términos complicados. Que nazca de la alegría del Evangelio que llena el corazón y de la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior y de la conciencia aislada”, aseguró el Papa.

Francisco comentó que la oración de Jesús pidiendo al Padre la unidad de sus discípulos se da “en un contexto de envío”, para que su testimonio sea fiel y logre la conversión del resto del mundo. También subrayó que en ese momento “el Señor experimentó en carne propia lo peorcito de aquel mundo al que ama”.

“Intrigas, desconfianzas, traición… pero Jesús no esconde la cabeza, no se lamenta”, dijo el Papa. “Nosotros –añadió- constatamos a diario que vivimos en un mundo afectado por guerras y violencia; sería superficial pensar que la división y el odio afectan solo a las tensiones entre los países o los grupos sociales. En realidad, son manifestación de ese difuso individualismo que nos separa y nos enfrenta; son manifestación de la herida del pecado individual, cuyas consecuencias sufre la sociedad y la creación entera”.

La unidad en el Ecuador

Volviendo a recapitular sobre la historia nacional, Francisco observó que el grito de libertad de los patriotas ecuatorianos “solo fue contundente cuando dejó los personalismos, el afán de liderazgos únicos y la falta de comprensión de otros procesos libertarios, con características distintas pero no antagónicas”. También sostuvo que la evangelización “puede ser vehículo de unidad, de aspiraciones, de sensibilidad, de ilusiones y hasta de ciertas utopías”.

“¡Claro que sí! Eso creemos y gritamos, mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerra y de enfrentamientos. Los cristianos queremos insistir en reconocer al otro, en sanar sus heridas, en construir puentes y estrechar lazos”, exclamó Francisco.

“El anhelo de unidad supone la dulce y confortadora alegría de evangelizar”, sentenció. “La convicción de tener un inmenso bien que comunicar –y que, comunicándolo, se arraiga- nos lleva a luchar por la inclusión a todos los niveles. ¡Luchar por la inclusión a todos los niveles, evitando egoísmos y promoviendo el dialogo, e incentivando la colaboración!”, expresó el Papa.

El Vicario de Cristo llamó a confiar el corazón al compañero de camino “sin recelos, sin desconfianzas”, porque “confiarse al otro es algo artesanal, y la paz es algo artesanal”. También dijo que “es impensable que brille la unidad si la mundanidad espiritual nos hace estar en guerra entre nosotros, en una búsqueda estéril de prestigio, places o seguridad económica a costilla de los más pobres, excluidos e indefensos, que no pierden su dignidad pese a que se la golpean todos los días”.

Unidad que es acción misionera

Reflexionando sobre la unidad, el Papa volvió a pedir un nuevo fervor apostólico. Afirmó que la evangelización “no consiste en hacer proselitismo”, porque éste “es una caricatura de la evangelización”.

“Evangelizar –explicó- es atraer con nuestro testimonio a los alejados; es acercarse humildemente a los que se sienten lejos de Dios y de la Iglesia; a los que se sienten juzgados y condenados a priori por quienes se sienten perfectos y puros. Es acercarnos a los que se sienten temerosos o son indiferentes, porque el Señor nos llama a ser parte del pueblo con un gran respeto. El Señor nos respeta hasta en nuestras bajezas y pecados…”.

El Papa también pidió “misionarnos también hacia adentro, y luego hacia fuera, como se manifiesta una madre que sale al encuentro, o en una casa acogedora”. También recordó que “Jesús nos consagra para suscitar un encuentro con él”, en un encuentro que alimenta el encuentro de los demás. También insistió en que la propuesta de Jesús “es concreta, no es de ideas”, y puso de ejemplo la parábola del buen samaritano, que exhibe que la propuesta de Jesús “no es hecha a nuestra medida”, no es una “religiosidad de élite”.

Francisco dijo que la evangelización “es tan urgente como aquel grito de independencia”, y agregó: “Hermanos, tengan los sentimientos de Jesús; sean un testimonio de comunión fraterna que se vuelve resplandeciente. ¡Qué lindo seria que todos nos cuidáramos los unos a los otros! Darse significa dejar actuar en sí mismo toda la potencia del amor, que es espíritu de Dios. Y así dar paso a la fuerza creadora de Dios. Y darse hasta en los momentos difíciles, como Jesús el Jueves Santo”.

Para Francisco, el hombre vuelve a encontrarse a sí mismo con verdadera identidad de Hijo de Dios, hermano de Jesús, cuando se dona a los demás y da testimonio. “Eso es evangelizar, esa es nuestra revolución. Porque nuestra fe siempre es revolucionaria. ¡Ese es nuestro más profundo y constante grito!”, concluyó el Santo Padre.

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