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San Francisco (Córdoba) (AICA).
El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva, presidió el 28 de diciembre en la catedral local la misa de acción de gracias por el año pastoral 2015, en la que reflexionó sobre la suerte que corren los inocentes de todos tiempos. El prelado dio gracias a Dios por “su obra de misericordia, de llamada y misión cumplida entre nosotros”.

“Pienso en la figura de Aylan Kurdi, el nene sirio de tres años que parecía dormir en las playas griegas. Un icono que recoge y visibiliza todos los dramas que avergüenzan a nuestro tiempo: de la pobreza, el narco y la trata hasta el aborto, la indiferencia del consumo o la violencia intrafamiliar”, enumeró.

“La persona de Jesús, el cordero inocente entregado en manos de los pecadores, resulta incomprensible si no lo vemos en ese horizonte que es el sufrimiento de la humanidad”, recordó y agregó: “Él mismo ha sido víctima inocente del pecado. Pero, por encima de todo, Él es el Resucitado que ha vencido la muerte, el odio y la injusticia”.

Monseñor Buenanueva refirió puntualmente a la entrega de tantos evangelizadores “enamorados de tu Persona y entregados sin reservas al servicio de sus hermanos”, a la vida de fe, de servicio y de mansedumbre de tantas personas, comunidades y familias”, a quienes “se consagran cada día al servicio de sus hermanos en los diversos campos de la vida de nuestra sociedad civil y la función pública”.

“No nos es indiferente la suerte de la patria que amamos y a la que, movidos por la fe, intentamos servir para que se una patria de justicia y fraternidad”, aseguró.

El obispo dio gracias también por “el misterio de la Iglesia madre que es el hogar de nuestra fe, en la que encontramos, domingo tras domingo, el pan sabroso de tu Palabra, la Eucaristía y la comunión fraterna, el perdón y la Reconciliación”.

“El Jubileo de la Misericordia vuelve a recordarnos cómo trata Dios la fragilidad humana, con qué ojos la mira y nos mira”, afirmó y destacó: “Llega el merecido descanso. Nos espera un 2016 también intenso. Como María, también nosotros dispongámonos a repasar en nuestro corazón lo que Dios va haciendo crecer en nuestras vidas. Pero también como ella, preparémonos a partir sin demora para salir al encuentro de quienes esperan a Jesús y su esperanza”.

Fuente: http://www.aica.org/

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